Todo empieza cuando se percibe una situación como amenazante. El cerebro envía una orden al sistema nervioso autónomo que se encuentra en la médula espinal y que tiene la misión de regular funciones vitales como el corazón, la respiración, etc. Cuando una persona entra en un estado de ansiedad, el sistema nervioso autónomo se pone en marcha de forma acelerada, similar a un motor subido de revoluciones. Comienzan entonces a aparecer esas sensaciones que llamamos nerviosismo o miedo y cuyos síntomas son la taquicardia, respiración acelerada, sudor en las manos, "nudo" en el estómago.
La ansiedad en si misma no es mala, tiene un papel adaptativo y de supervivencia. El problema comienza cuando interpretamos como amenazantes o peligrosas ciertas situaciones que en realidad no lo son. Esta situación de amenaza podría darse, por ejemplo, ante una conversación con cualquier desconocido, ante una cita con una persona del sexo opuesto o ante cualquier otra situación social que nos produzca miedo.
La persona que tiene un problema de ansiedad no es rara, no sufre algo extraño a los demás, sólo que dispara las respuestas de ansiedad con más frecuencia o con mayor intensidad.
|