El miedo a hablar en público es también el miedo ante cualquier discurso, a pedir la palabra delante de los demás, a formular una pregunta o a mantener una charla; hay numerosas ocasiones que se nos presentan, en las que puede aparecer el miedo a hablar en público, desde los círculos más privados (fiestas, familia, reuniones de amigos, etc.) hasta situaciones profesionales (reuniones con colegas, clientes, dirección; presentaciones, conferencias, etc.).

El miedo a hablar en público presenta diversas manifestaciones que pueden ir desde un ligero nerviosismo, pasar por una fuerte excitación o llegar incluso hasta un verdadero pánico.

Existen varias dimensiones que juegan un papel diferenciador en la cantidad de miedo experimentado:

  • Cuanto más importante sea el motivo del discurso.
  • Cuanto mayor sea el número de personas a las que nos dirigimos.
  • Cuanta más familiaridad y confianza de las personas.
  • Cuanto más extraños, superiores o figuras de autoridad haya entre el público.
  • Cuando el tema es de origen profesional o por el contrario cuando es de origen personal.

Existe un denominador común que se repite en todas las situaciones y es que el miedo a hablar en público es una forma de miedo social, es decir, miedo a las demás personas.

Cómo se hace patente sobre el organismo?

La persona vive la situación de hablar en público como “amenazante o peligrosa”, lo que hace que esa información llegue al cerebro, liberando dos hormonas del estrés, la adrenalina y la noradrenalina, haciendo que el cuerpo adopte una “reacción de supervivencia”: se eleva la tasa cardiaca, las manos se impregnan de sudor, las extremidades comienzan a temblar, la cara se pone pálida o roja o se produce el bloqueo del razonamiento, quedando la mente en blanco.